
La literatura fant�stica abre un espacio interpretative en el cual se borran las distinciones entre lo real y lo irreal y se alteran las percepciones de las dimensiones espacio-temporales, plante�ndose asi un comentario existencial acerca de la naturaleza misma de la realidad circundante. Vista con este lente deformante, la historia se relativiza y se manifiesta como un eterno retorno, cre�ndose la sensaci�n de una realidad maravillosa fuera del tiempo sucesivo.1 La novela de Juan Rulfo, Pedro P�ramo (1955) ha sido considerada generalmente como m�gico-realista aunque algunos criticos han delineado su parentesco con lo real maravilloso mientras otros la han calificado de fant�stica.2 Este ensayo no pretende clasificar esta novela como fant�stica, sino destacar los elementos fant�sticos que permean el relato de Juan Preciado y posibilitan su recuperaci�n progresiva de la imagen materna. Se corrobora que al reconstruir el pasado de su madre, Juan vislumbra multiples posibilidades acerca de su origen que Io hacen dudar de la identidad de su progenitor y llevada esta vacilacion a un piano simbolico, el texto rulfiano nos remite al pol�mico debate sobre la identidad del mexicano.
Varios criticos han considerado Pedro Paramo como un texto fant�stico, entre elles, Seymour Menton, quien afirma: "pese a la fuerte base realista de Pedro Paramo, el hecho de que los rauertos hablen y actuen coloca a la novela dentro de la literatura fant�stica" (206). Asimismo, Juan Villoro reconoce a Juan Rulfo como a un autor de literatura fant�stica, bas�ndose en la nocion de limite, al borde del mundo exterior y de sutiles transgresiones como en la impr�cision de formas y de voces que surgen de una percepcion indirecta y diferida. Segun Villoro, las multiples voces narrativas viven la hora reiterada del mito, creando un presente eterno que representa de por si un hecho fant�stico; segun el estudioso, el proceso de extranamiento, esencial a la invencion fant�stica se cumple en Pedro Paramo y se percibe de manera sutil ya que el protagonista enfrenta "seres reaies cuya unica peculiaridad consiste en haber muerto o, para ser mas pr�cises, en haber muerto sin llegar al mas all�"(80).3 Este planteamiento concuerda con el de Auguste Monterroso que consid�ra que no debemos negarles a los fantasmas de Rulfo una condicion de personajes fant�sticos porque son "fantasmas de verdad" que no nos provoquen miedo (Villoro 79). No obstante taies observaciones acerca de la pertinencia de un enfoque fant�stico a pesar del ambiente fantasmai, cabe precisar que Comala no esta poblada unicamente de fantasmas sino de seres vivos tambi�n como se tratar� de demostrar a continuacion (varies estudiosos apuntaron a que Comala fuera poblada de vivos y muertos, entre otros, Rafa�l Hern�ndez Rodriguez que trae a colacion las conclusiones de Fabianne Bradu al respecto [623]). Esta convivencia entre vivos y muertos g�nera un desajuste en la percepcion de los nivel�s de realtdad de las entidades ontologicas, es decir, de los multiples mundos ficcionales yuxtapuestos en el texto, Io cual incrementa la incertidumbre del lector. Por tales razones, la complejidad de esta obra sigue desafiando a la critica por su riqueza interpretativa que se abre constantemente a nuevos acercamientos. Las dudas que acechan al personaje y al lector que recorre la novela se prestan a una lectura fant�stica ya que Tzvetan Todorov define lo fant�stico como la vacilacion del lector entre la percepcion de lo real y de lo extrano o sobrenatural (29). Aunque mi argumente en cuanto atane la irrupci�n de le fant�stico se basa en las propuestas de Todorov, me valdr� en este an�lisis de las premisas mas amplias de otros estudiosos como Rosemary Jackson en particular para interpretar el significado alegorico que esta dimension ontol�gica implica, especialmente en cuanto a la transgresi�n y el rocc de los varies mundos yuxtapuestos en el texto rulfiano.
El retorno de Juan Preciado a Comala, su pueblo natal, suele interpretarsc como una busqueda de identidad y un regreso al origen para conocer a su padre legitimo, Pedro P�ramo y ajustar cuentas con �l. El prop�sito de este trabajo es demostrar que el periplo de Juan Preciado conlleva una recuperaci�n simbolica de la imagen tanto real como figurada de su madr� que culmina con una union profunda con ella en lugar de una resolution satisfactoria acerca,de su linaje paterno. Me propongo resaltar la indole fant�stica del relato de Juan Preciado mientras se analiza su encuentro con figuras femeninas que funcionan como dobles de su progenitora que le permiten rellenar metaf�ricamente los agujeros de la fotografia materna que el narrador-personaje !leva consigo. La importancia del retrato como clave unificadora de los elementos fant�sticos y del desdoblamiento no se ha analizado todavia y la fotografia con sus puntos misteriosos llega a representar una met�fora del texto entero que nos ofrece una representation de la realidad llena de zonas elusivas. Este enfoque resalta que al finalizar su viaje, Juan Preciado se queda con la incognita en cuanto a su verdadera identidad ya que no solo no va a encontrarse con su verdadero padre sino que la alta carga de ambigiiedad del rmmdo que va descubriendo le impide estai seguro de su procedencia. A partir de este acercamiento fragmentado a sus origenes y al autoconocimiento, se puede extrapolar que el texto constituye un comentario existencial sobre la busqueda continua de la identidad del mexicano.
Debido a la naturaleza fragmentaria de Pedro Paramo y a la multiplicidad de voces narrativas y de puntos de vista, el texto carece de centre que represente un eje a partir del cual se perfilen de modo simetrico los dem�s argumentos. Destaca asimismo la ausencia de un autor o narrador omnisciente que hilvane y estructure el texto. Este multiperspectivismo contribuye a crear una attnosfera irreal y caotica ya que tiene como resultado que se esfumen las dimensiones espaciotemporales. La novela empieza con la voz de Juan Preciado que narra los pormenores de su viaje a Comala por encargo de su madre fallecida Dolores Preciado que estuvo casada con el cacique del pueblo, Pedro P�ramo. Apart� de cumplir la promesa que hizo a su madre moribunda de volver a su tierra natal, el narrador abarca la ilusion de conocer al padre que los abandono. Al llegar a Comala, se encuentra con un pueblo poblado mayormente por seres fantasmales y esta realidad se yuxtapone en su mente a manera de contrapunto a la voz de su madre que le trae la vision idealizada por el recuerdo de una Comala f�rtil llena de vida. Cuando Juan Preciado se muere atemorizado, lo entierra una mujer del pueblo, Dorotea, que no tarda en alcanzarlo y a quien narra su historia que nos remite a las primeras lineas de la novela. Es tan solo a partir de su muerte que ocurre a mediados del texto, que el lector se da cuenta de haber estado escuchando una voz de ultra tumba. En este momento, la voz de Juan Preciado se apaga para dejar espacio a los murmullos y ecos de los muertos que se encargan de retrazar su vida anterior al mismo tiempo que se impone la presencia de un narrador omnisciente en tercera persona que narra episodios aislados de la vida de Pedro P�ramo. De hecho, se multiplican los fragmentas relatives a la vida del cacique mientras se ofrece una description objetiva de la Comala real. Se descubre la tirania del cacique que explota un pueblo cada dia mas desdichado (la miseria del pueblo y los pecados de los muertos cuyas aimas penan olvidadas por los vivos). En este viaje hecho en memoria de su madre, Juan Preciado recupera detalles ocultados ? desconocidos por ella y termina a la hora de la muerte reconciliandose consigo mismo. A trav�s de varias figuras femeninas que representan versiones simb�licas de su madre, llega a vislumbrar las borrosas circunstancias que rodearon su nacimiento al mismo tiempo que descubre la historia secreta de Comala que le ofrece la imagen de una comunidad intimamente conectada por lazos secretos de connotaciones incestuosas.
Este estudio enfocar� principalmente la primera parte de la novela que corresponde al relato que hace Juan Preciado de su llegada y su enfrentamiento con la realidad o irrealidad de los habitantes del pueblo. Nos percatamos en la segunda parte de que casi todos est�n muertos-incluso el narrador-mientras en la primera parte, la narration parece verosimil y esta anclada en la realidad. El lector se identifica con los primeros pasos del narrador y comparte sus sorpresas y vacilaciones en cuanto a la perception de la realidad circundante (Todorov pr�cisa que aunque la identification del lector con la incertidumbre del personaje suele suceder, esta no r�sulta imprescindible [36-37]). Juan Preciado !leva consigo una fotografia de su madr� llena de agujeros que le impide tener una vision clara de ella. Al adentrarse en el pueblo y a medida que descubre datos acerca de la vida anterior de su madr� es como si tratara de recuperar el n�gative de la foto al mismo tiempo que se llenan estos espacios vacios que sugieren la entrada a lo fant�stico que representan el lado oculto de la realidad percibida. La foto que Juan Preciado trae consigo es un elemento concreto que reafirma su condition de ser real que acaba de llegar del pueblo donde vivia con su madre y que cumple no obstante la funcion fant�stica de unificar el espacio y el tiempo. Aunque el retrato sea tan solo una copia, un simulacro de la realidad, no deja de tener un referente que alguna vez existio cuando se impresiono la placa fotogr�fica. Por eso, da una impresion de verosimilitud porque el sustituto de la muerta se concreta en una imagen del pasado que el hijo lleva ahora cerca de su corazon, tray�ndola al presente.
Hay dos elementos sensoriales que acompanan a Juan Preciado: el recuerdo visual (incomplete) de la fotografia y el recuerdo auditive (fragmentado) del pasado de Comala que le aporta la voz de su madr�. El hijo se enfrenta con las aporias y las lagunas del discurso materne que se acentuan porque su propia memoria selectiva se sobrepone a les recuerdos que le fueron transmitidos. Asimismo, se establece un contrapunto entre las im�genes idilicas sugeridas por Dolores y la desolation que Juan descubre a medida que recorre el pueblo. Estas ambigiiedades se multiplican a manera de espacios vacios de significado que impiden la interpretation objetiva. Bas�ndose en los escritos de Freud, Rosemary Jackson postula que lo fant�stico reside en esta zona oscura del deseo reprimido que llama el area paraxial, y que se situa de manera intersticial en referencia al axis de lo real (65-66). De hecho, lo fant�stico representa una reflexion invertida de lo real como si proyectara a trav�s de un lente un espacio de otredad que no deja de estar relacionado con la realidad. Este espacio corresponderia a los huecos de la fotografia que est�n vinculados a lo real sin revelarlo totalmente ni tampoco desvincularse de �l. Por consiguiente, no solo Juan Preciado esta en busca de lo que queda escondido de manera invertida en el negativo que le �lude, sino que la foto misma que contempla tiene vacuos,4 que le permiten ver "a trav�s" de la superficie, especialmente en el dominio afectivo:
Senti el retrato de mi madr� guardado en la boisa de la camisa, calenlandome el corazon, como si ella tambi�n sudara. Era un retrato viejo, carcomido en los bordes; pero fue el unico que conoci de ella [...] Mi madr� siempre fue enemiga de retratarse. Decia que los retratos eran cosa de brujeria. Y asi parecia ser; porque el suyo estaba lleno de agujeros como de aguja, y en direction del corazon t�nia uno muy grande donde bien podia caber el dedo del corazon. (66-67, �nfasis mio)
Es significative que la palabra "corazon" se repitiera tr�s veces al referirse a la foto. Primero se menciona el corazon de Juan Preciado, luego el de la foto y por ultimo mediante la ambigua met�fora t�ctil y sensual sugerida por el "dedo del corazon"(67). De hecho, esta representaci�n de la madr� esta vinculada a las emociones conscientes ? inconscientes de Dolores como a las de su hijo que se entrelazan mediante la presencia concreta de su imagen contra su pecho. Juan Preciado esta prestando vida a esta foto que le trae cl calor del cuerpo sudoroso de la madr� ausente. La alusion a la brujeria podria remitir a creencias populares que comparten el hijo y Ia madr�, pero los intersticios creados en la imagen limitan el entendimiento de Juan Preciado que no logra tener una vision compl�ta de su madr�. Para interpretar el mensaje visual de la imagen fotogr�fica y la trascendencia de estos intersticios, cabe detenerse en las propuestas de Barthes al respecte. En su ensayo, La chambre claire (1980) ? c�mara lucida, el critico francos distingue la naturaleza dial�ctica de la fotografia que esta al mismo tiempo cargada como desprovista de un sistema de c�digos; es decir, cada fotografia poseeria una indole hist�rico-cultural, el "studium," al lado del cual existe tambi�n de manera subyacente el "punctum," que seria este detalle o cualidad que atrae y agarra de manera subjetiva al espectador, permiti�ndole acceder a la esencia de dicha fotografla (48-49, 84).5 Barthes, quien desarrollo su an�lisis a raiz de las emociones que le procuraban las fotograf�as de su madre fallecida, asocia elpunctum a una flecha que punza la mirada del observador como una herida, asemejando estos espacios metaforicos a un "pinchazo, agujerito, pequena mancha, pequeno corte" (49). Estas observaciones se aplican a los agujeritos del retrato de Dolores Preciado (otra madre fallecida), cuyo mensaje oculto se extiende hasta llegar a emblematizar la dimension del espacio paraxial o zona oscura que encubre los deseos reprimidos.
Aparte de sentir la tibieza de la imagen de su madre, Juan oye su voz a modo de interpolaciones en bastardillas que lo guia como si �l viera Comala a trav�s de sus ojos y viceversa, de modo que el ofdo, el tacto y la vista del hijo est�n llenos de su recuerdo. Al recorrer el pueblo se enfrentar� con el pasado/origen de ambos y tratar� de intuir los datos escondidos que le ser�n revelado de manera fragmentada a medida que ira recuperando los pormenores de la vida materna. Esta reconstruccion se har� mediante personajes cuya realidad oscila en la mente de Juan Preciado entre la de personajes reaies o de espectros, representando figurativamente el lado irreal de si mismos, como una s�rie de fotos concretas yuxtapuestas con su negative. Lo insolito y sobrenatural acechan de manera ambigua a Juan Preciado que no esta siempre seguro de sus percepciones. De hecho, experimenta la vacilacion propia de lo fant�stico senalada por Todorov como si pudiera a lo largo de su viaje empezar a vislumbrar la realidad materna detr�s/debajo de la superficie de su reflejo pictorico y descubrir otra realidad a trav�s de la version de los hechos que ella le habia propiciado.
Asimismo, Todorov desarrolla la importancia de la vision ambigua en el tratamiento del motive repetido del doble y del inceste en su an�lisis del g�nero, temas claves en mi relectura de la novela, particularmente en la narration de Juan Preciado y que le abrir�n ventanas al acercamiento a su identidad. Varias modalidades de desdoblamiento se perciben ya que Pedro P�ramo y su hijo adoptado Miguel, tienen un num�ro ilimitado de hijos naturales, hecho que le quita la individualidad a Juan que entra en un pueblo potencialmente lleno de medio hermanos y parientes desconocidos. Al llegar a Comala, Juan Preciado topa con Abundio, otro hijo natural de Pedro P�ramo que aparece como el doble del viajero y que conoce el camino igual que �l lo habria conocido de haber vivido alii. Dice el narrador "los dos ibamos tan pegados que casi nos toc�bamos los nombres," y esa sincronia coincide con el hecho fant�stico de que ninguno reacciona ante la revelation de ser hermanos como si fueran reflejos el uno del otro (65). Luego Juan Preciado se encuentra con cuatro figuras femeninas reminiscentes de la imagen materna y que funcionan como dobles de Dolores: Eduviges, la amiga de su madr� que casi fue su propia madre, Damiana Cisneros que Io cri� de nino, la hermana incestuosa de Donis que repr�senta una figura materna en potencia con la cual se acuesta y Dorotea que Io entierra y acompana en la sepultura. A trav�s de la interaction con estas versiones duplicadas y multiplicadas de maternidad frustrada, el narrador se adentrar� en el universe fant�stico que le permitir� vislumbrar su propia interioridad.
El contacte con estos remedos femeninos le posibilita a Juan Henar de significado las sombras del retrato materno. La primera mujer, dona Eduviges Dyada le confiesa haber sustituido a Dolores Preciado durante su noche de bodas, actuando literalmente como el doble de su madr� y adentr�ndolo de pleno a Juan en el mundo espacio-temporal relacionado con los huecos de la fbtografia materna. Antes de oir sus revelaciones, Juan Preciado estaba ya predispuesto a entrar en un mundo desprovisto de limites que anticipa la irrupcion de Io fant�stico. En efecto, oye la voz de su madr� con mas claridad: "Alla me oir� mejor. Estar� mas cerca de ti;" enseguida, piensa: "Mi madr� [...] la viva" y "senti que el pueblo vivia" mientras se esfuma en su mente la barrera entre la vida y la muerte; y ello ocurre precisamente al buscar a Eduviges como se Io aconsejo Abundio a pesar de presumirla muerta (69). Cuando Eduviges le r�v�la que habria podido ser su madr�, es como si esta voz se sobrepusiera a la de su madr�, sumi�ndolo en una gran confusion. Es mas, Eduviges pr�tende haber sido avisada por Dolores de la llegada de su hijo sin siquiera saber que esta habia fallecido. Juan Preciado se pregunta si "aquella mujer estaba loca. Luego ya no crei nada. Me senti en un mundo lejano y me dej� arrastrar. Mi cuerpo, que parecia aflojarse, se doblaba ante todo, habia soltado sus amarras," y esta vacilacion Io transforma, adentr�ndolo de piano en el universe fant�stico (72). Las revelaciones de Eduviges Io remiten al momenta de su concepcion con el "estuve a punto de ser tu madr�" y le permiten vislumbrar la medida de las supersticiones de Dolores que no quiso acostarse con su esposo por sugerencia de un curandero local (77-79).
Todo pasa como si Juan Preciado, en un movimiento hacia atr�s, afiorara el espacio de las aspiraciones s�cr�tas de su madr�, en un viaje a la semilla imaginario que remite al deseo inconsciente de cada individuo de volver, de acuerdo con Lacan, al estado id�al (e imposible) en el cual se presenciara el momenta de su concepcion para vislumbrar el deseo de la pareja que le dio vida (Zizek 172). Eduviges acepta reemplazar a Dolores porque cumplia asi su propia fantasia ya que le "gustaba Pedro P�ramo" (79). Sin embargo, aunque pr�tende no haber tenido relaciones con �l, echa dudas el dia siguiente sobre Io que acontecio realmente en la cama cuando Dolores le pregunta:
-�Qu� te hizo?
-Todavia no Io se-le contest�.
Al ano siguiente naciste tu; pero no de mi, aunque estuvo un pelo de que asi fuera.
Quiz�s tu madr� no te conta esto por vergu'enza"' (80 �nfasis mio).
De esta forma, contradice su afirmacion anterior a Juan, implicando una consumacion carnal y un embarazo en potencia. Eduviges le confia asimismo que Inocencio Osorio, el soplador de suenos solia acercarse a las mujeres y explotar su fe en sus poderes para despertar su erotismo con sus caricias mientras se "quedaba en cueros porque decia que �se era nuestro deseo" (79). No obstante de donde origine el deseo, Juan Preciado descubre que la involucracion sexual con el curandero era un rito aceptado por las mujeres para descargarse de sus anhelos inconscientes ? reprimidos (ello es un eco primitive de la funcion del psicologo del fin de si�cle victoriano con las mujeres hist�ricas a las cuales se solia aliviar con aparatos vibradores). Por consiguiente, Osorio pudo haber engendrado a varios hijos naturales desconocidos y Juan Preciado podria haber sido concebido por el brujo adivino con la misma facilidad que Eduviges hubiera podido ser su madr�. La carga �norme de ambig�'edad que conlleva los pormenores de la noche de bodas de los prog�nitures de Juan Preciado Io conduce a dudar de su propio origen. Se perfila una s�rie de desdoblamientos con este intercambio de papeles cuyas ambigu'edades dilatan el espacio paraxial donde reside Io fant�stico que impide el acercamiento a una realidad objetiva. Asimismo, se piensa en los agujeros reaies como figurados de la fotografia de Dolores y salta a la vista que pudo haber sido la aguja del brujo-soplador de suenos que hubiera hecho estos huecos, mas especialmente el del corazon, ya que Osorio se "metia en las piernas de una, en frio [...] picaba por tantos lados que con alguno t�nia que dar" (79; en su detallado an�lisis de las ambigiiedades en Pedro Paramo, D. David Tolladay consid�ra que este encuentro con Osorio se presta a varias interpretaciones acerca del origen de Juan Preciado [24]). El sentimiento de pertenecer a una comunidad carente de genealogia definida que podria llevar al incesto sin que los habitantes se dieran cuenta de su parentesco es acentuado por el hecho que Eduviges "les dio un hijo, a todos" a pesar de que nadie quiso reconocerlo como suyo (92). Estas observaciones se prestan a una interpretacion alegorica de Io fant�stico a la luz de las teorias de Jackson. La critica va un paso mas alla que Todorov en el tratamiento de los "temas del deseo" y del "discurso" (que Todorov denomina temas "del yo" y "del tu"), proponiendo una hermen�utica psicoanalitica en que el fant�stico literario cr�a una zona de emergencia para el lenguaje del deseo que fuera, segun Lacan, anterior a la socializacion e inh�rente al dualisme que corresponde con la formacion del individuo (89-90).
El segundo acercamiento que ayuda a Juan a reconstruir el pasado de sus prog�nitures esta relacionado con la evocacion del deseo secreto de Dainiana Cisneros, la fie! sirvienta de la M�dia Luna que Io crio desde nino. La manera en que aparece y desaparece Damiana es fant�stica porque Juan esta en este momento en un estado de duermevela. Cuando Eduviges Io d�j� solo, Juan todavia trata de cr�er en la realidad que Io rodea ya que esta mujer le habia ofrecido comida y dejado una l�mpara encendida. Oye entre suenos un grito que Io atemoriza mientras Damiana invade su estado onirico y Io invita a seguirlo. Juan supone que su madr� le hablara de esta sirvienta pero nunca de Eduviges, porque "solo [le] contaba cosas buenas," aludi�ndose as! a Io que Dolores r�v�l� ? escondio (77). De la misma manera que Eduviges le afirma que Abundio habia muerto, Damiana le acierta que Eduviges murio, mcrementando la confusion del reci�n llegado que tiene la seguridad de haberlos encontrado. Damiana d�clara que estuvo tambi�n pr�sente el dia de su nacimiento, tal vez como partera, porque le dice "Te conozco desde que abriste los ojos, " y mas tarde, admitir� que ansiaba acostarse con Pedro P�ramo-aunque en este momento, Juan Preciado no Io sepa, tan solo Io escuchar� despu�s de muerto (95). Por ende, es plausible que Damiana anorara esta maternidad y la convivencia con el hombre que deseaba mientras vivia en la hacienda, por eso, repr�senta otro doble de Dolores, ya que estuvo relacionada, sino involucrada, con su esposo y su hijo. Damiana se esfuma a modo de los ecos que ella descubria en el pueblo como si fuera no solo el eco de Eduviges y de Dolores, sino el reflejo de una parte de su ninez que se aleja, dejando al visitante en un estado de estupor porque se da cuenta de haber encontrado a un fantasma. Si se acepta la vision de Damiana que las hojas son pruebas de que los �rboles existieran, su aparicion funciona como un eco que evoca la vida en la M�dia Luna, yuxtaponiendo este pasado al pr�sente de manera fant�stica. La M�dia Luna tambi�n sugiere la escisi�n entre los dos lados de la realidad, entre la visible luminosa y la oscura escondida como la foto y su n�gative, cada cual separada y colindante con ambas representaciones. La evocacion del lugar en el cual se cri� como espacio limitrofe es emblem�tica de la imposibilidad de conocer la realidad compl�ta y de la permanencia en la m�dia luna de una zona oculta y misteriosa que �lude el conocimiento como tambi�n de un tiempo congelado en la mitad del ciclo lunar.
Pero la mayor vacilacion entre la realidad y Io sobrenatural acontece al encontrarse Juan Preciado con la hermana-mujer de Donis, porque el narrador exp�rimenta el momento clim�tico de tension que precede su muerte. Adem�s, ya que Io fant�stico irrumpe en relaci�n con Io real, es importante pr�cisai' que en este fragmente, todo indica que los dos hermanos est�n vivos al igual que Juan Preciado. En efecto, ya que empieza a dudar de la existencia de los personajes que encuentra, Juan quiere asegurarse de que est�n vivos y ambos se sorprenden por su pregunta que les parece absurda:
"�No est�n ustedes muertos?-les pregunt�. Y la mujer sonrio. El hombre me mir� seriamente.
-Esta borracho-dijo el hombre.
-Solamente esta asustado-dijo la mujer". (109)
Juan Preciado empieza a distinguir una diferencia en la resonancia de sus palabras "porque las palabras que habia oido hasta entonces, hasta entonces Io supe, no tenian ningun sonido, no sonaban; se sentian; pero sin sonido, como las que se oyen durante los suenos" (110). Otras pruebas de la realidad del pasaje son que la hermana de Donis le ofrece "agua de azahar" y comida y es el unico momento en que Juan b�b� y corne: "Junto a mi, un jarro de caf�. Intent� beber aquello. Le di unos sorbos" y en la cocina "encontre un trozo de cecina y encima de las brasas unas tortillas" (112, 116, 118). Adem�s, la mujer le dira luego con insistencia: "/,Digame si Filomeno no vive, si Dorotea, si Melquiades, si Prudencio el viejo, si Sostenes y todos �sos no viven?" (114). Todo Io cual cr�a verosimilitud e indica que el pueblo esta poblado por vivos y muertos, cre�ndose asi las condiciones propicias para intensificar la incertidumbre ligada a la entrada al espacio fant�stico. Cabe senalar que no solo Damiana aparece a Juan Preciado cuando este apenas se esta despert�ndo de una pesadilla, sino que Juan duerme y suena varias veces durante su estancia en la choza de los hermanos, tin�ndose as! sus percepciones de onirismo.
La asociacion entre la figura de la hermana-mujer y la madr� de Juan Preciado se hace desde el principle de este encuentro con la pareja de manera significativa porque es mediante esta mujer que se lograr� la union inconscientemente deseada con la madr�. En efecto, guiado en este momento por la voz materna que le trae una vision idealizada de Comala, Juan ve "el eco de [un]as sombras" y piensa: "Senti alla arriba como la huella por donde habia venido, como una herida abierta entre la negrura de los cerros" (109). Esta impresion visual diferida simboliza la transgresion de la pareja incestuosa que le alberga y que r�sulta ser la materializacion de las sombras. Se sorprende de verlos desnudos y se entera de que son hermanos que comparten una convivencia carnal. Varies criticos, entre otros Emilio Alvarez, los asemejan a nuestros primeros padres mientras Espinosa-J�come los consid�ra como la proyeccion de los padres de Juan Preciado (137). Sin embargo, es tan solo el poderoso apego de Juan Preciado a su madr� que permite su mayor identificaci�n con la figura de la hermana. Se percibe una difuminacion de los limites en la naturaleza simb�lica de la hermana-mujer de Donis que ansiaba "poblar" como la pareja ed�nica (114). La hermana expresa su deseo frustrado de maternidad e imagina tener la piel manchada por la culpa:-/,No me ve el pecado? �No ve estas manchas moradas como de jiote que me llenan de arriba abajo? Y eso es solo por fuera; por dentro estoy hecha un mar de lodo" (113). Su ansia por tener un hijo la convierte en una imagen materna no obstante su edad desconocida. Seduce a Juan Preciado y Io invita a compartir su cama:
-Donis no volver�. Se Io not� en los ojos. Estaba esperando a que alguien viniera para irse. Ahora tu te encargar�s de cuidarme./,O que no quieres cuidarme? Vente a dormir aqui conmigo.
-Aqui estoy bien.
-Es mejor que te subas a la cama. AHi te comer�n las turicatas.
Entonces fui y me acost� con ella. (119)
La confirmacion ? no de una relaci�n carnal no impide las connotaciones incestuosas de la escena. R�sulta trascendente que justo antes de compartir el lecho de la hermana Juan se comunique directamente con su madr� en e! unico di�logo que aparece en el texto sin comillas ni en bastardilla:
-�No me oyes?-pregunt� en voz baja.
Y su voz me respondio: -^Donde estas?
-Estoy aqui en tu pueblo. Junto a tu gente. ^No me ves?
-No, hijo, no te veo" (119).
Ello indica que Juan quisiera asegurarse de que ella no viera su deseo incipiente a punto de consumarse (y que remite al deseo inconsciente de revivir el instante de su propia concepcion). No solo la foto de la madr� le calienta el pecho como una caricia ? un abrazo, pero al hablarle en este momento, la trae aun mas cerca hasta fusionarse con la hermana que se convierte en otro doble de Dolores. Las manchas del pecado en la piel de la hermana coinciden con los huccos/picaduras de la foto que le manchan la cara tambi�n a la madr� como si ambas caras estuvieran yuxtapuestas. Asimismo se afianza el simbolismo maternai porque a pesar de la carga de ambigiiedad de las relaciones edipicas, la hermana satisface su hambre y Io invita a compartir el calor de su cama, cobij�ndolo como Io liaria una madr�. Todos los sentidos de Juan est�n involucrados con el recuerdo de su madr�: apart� de la vista y del tacto, el oido y la mente, se anaden ahora el sustento y la union corporal.
La relacion incestuosa que une Juan Preciado a la hermana-mujer senala la irrupcion de Io fant�stico con el horror de la transgresion unido a las modalidades de desdoblamiento. Es obvio que se puede trazar un paralelo entre el hecho de que Donis abandona a su hermana-esposa y que Pedro P�ramo abandono a Dolores, aunque esta fuera la que saliera de casa. Se evoca la soledad de dos seres abandonados y Juan Preciado suple el lugar dejado por el esposo-padrc en potencia como si llenara el vacio dejado por su propio progenitor, convirti�ndose en su doble. Al despertarse, cumplido el interdicto del Edipo, este se imagina, sugestionado probablemente por las palabras de la hermana que "El cuerpo de aquella mujer hecho de tierra, envuelto en costras de tierra, se desbarataba como si estuviera derriti�ndose en un charco de lodo. Yo me sentia nadar en el sudor que chorreaba de ella y me falto el aire que se necesitaba para respirar"(119). En esta instancia, el sudor que Io ahoga trae a la mente el "sudor" que Juan Preciado sentia en el retrato en su bolsillo-"como si ella tambi�n sudara"-y que ahora percibe de forma exacerbada (66). Su primera impresion de la hermana se percibio como "una herida abierta," imagen que apunta a una escritura en el cuerpo, corporizando la imagen de la sombra vislumbrada (109). De igual modo el hueco en el corazon del retrato materno que repr�senta el punctum, ? herida bartiana, contribuye a corporizar la reproduccion fotogr�fica de la madr� (La chambre 49). Ambas imagen�s se sobreponen en la mente de Juan, intensificando su reaccion intensa al consumar el acto carnal, Io cual puede revelar un hecho fant�stico ? una vision pesadillesca que expresa su estado de �nimo. Sale de alli y se muere ahogado al perder su propio aliento, acto que �quivale a una castracion causada por la culpa y el horror del incesto, corroborando la entrada de Io fant�stico. Adem�s, si se tratara de haberse acostado con una mujer simbolizando la madre-tierra, ? con una muerta fantasmai, cabria recordar que el cadaver de su madr� esta enterrado, ? sea que el incesto se incrementa doblemente de necrofilia convirtiendo esta union en sepultura emblem�tica. Por otra parte, Espinosa-J�come ha delineado coincidencias asombrosas entre este encuentro con la hermana-mujer de Donis y el cuento de Edgar Poe, "El aliento perdido," respecte a los temas del doble, del incesto, de la necrofilia y de la muerte por p�rdida del aliento, todos temas relacionados con el fant�stico de acuerdo con Todorov, y taies semejanzas confirman la indole fant�stica de este episodic (133-34). Cabe precisar tambi�n que el hecho que Juan se muera de terror es de por si un elemento fant�stico.
Despu�s de la uni�n transgresora con la figura materna que provoc� su muerte, Juan Preciado encontrar� la paz en la sepultura como si fuera una vuelta al utero y experimentar� otro tipo de union desprovista de culpa con otra figura femenina que simboliza la maternidad frustrada. En efecto, una vez muerto, Juan Preciado es sepultado por Donis y Dorotea, la alcahueta (otro ser vivo, segun la hermana). Dorotea lo alcanza en la fosa y Juan le narra su historia que nos devuelve al principio de la novela. Se inicia un di�logo entre ambos mientras se escuchan las voces de los demis muertos yuxtapuestas con la voz omnisciente que retraza la vida de Pedro P�ramo. Es ironico que Juan mencionara el retrato de su madre en el presente: "es el mismo que traigo aqui pensando que podria dar buen resultado para que mi padre me reconociera" (67 �nfasis mio). Esta frase es ambigua porque no forma parte de su conversacion con el arriero Abundio, su medio hermano y es la unica seccion de su narracion relatada en el presente. El uso de "traigo" indica que la madre est� pegada al corazon de su hijo sepultado, pero tambi�n podr�a sugerir que Juan todavia espera un encuentro con el padre mas alla de la muerte en el cual le sirvan estas senas de identidad. Juan recuerda la voz de Dolores en una ultima interpolacion a modo de despedida: "Sentir�s que alli uno quisiera vivir para la eternidad," y es precisamente donde Juan experimentar� el eterno presente de los seres fantasmales de Comala (121). Es obvio que esta cumpliendo el viaje de retorno ansiado por su madre "que ni siquiera pudo venir a morir aqui. Por eso me mando a mi en su lugar," y a quien escucha mientras est� enterrado (128). Ahora esta con Dorotea que representa el ansia hecha realidad de una maternidad inconclusa. La alcahueta quedo obsesionada con el deseo de tener un hijo y solia arrullar a un muneco de trapos hasta tener un par de suenos (el "bendito" y el "maldito") que le confirman su esterilidad (123-24). Juan expresa su duda acerca de su origen y la recuperacion del paraiso que le pintara Dolores: "Vine a buscar a Pedro P�ramo, que segun parece fue mi padre. Me trajo la ilusion;" y le contesta Dorotea: "�La ilusion? Esto cuesta caro. A mi me costo vivir mas de lo debido. Pagu� con eso la deuda de encontrar a mi hijo, que no fue, por decirlo asi, sino una ilusion mas; porque nunca tuve ningun hijo" (123). Los suenos frustrados de ambos se complementer! y Juan, a manera de reci�n nacido, abraza a Dorotea sin deseo sexual ni culpa alguna, reconciliado con sus sentimientos hacia la figura materna (y la falta de reconocimiento paterno). Hasta en la muerte, Dorotea no est� cumpliendo el papel de madre y tiene que aceptar una inversion de papeles: "cupe muy bien en el hueco de tus brazos. Aqui en este rinc�n donde me tienes ahora. Solo se me ocurre que deberia ser yo la que te tuviera abrazado a ti" (124). Juan deviene el protector-hijo pero esposo plat�nico-que abraza al sustituto materno en la oscuridad de la fosa en la cual sus sombras se confunden en el espacio paraxial que ha recuperado. En este momento, Juan experimenta la vision interior y la union mas intima con la imagen materna mientras est� cobijado bajo tierra, entreg�ndose al anhelo inconsciente que corresponde a la propuesta lacaniana de volver al instante de su propia concepcion y presenciar el deseo de sus progenitores (Zizek 172). Asimismo se intuye que se acercara entonces Juan Preciado a un conocimiento "imaginario" e imposible a la vez de su propio origen que corresponde a descifrar el significado elusivo de los agujeros de la fotografia materna.
Por otra parte, Jackson postula que el universe fant�stico aspira a la entropia,6 o sea, al caos, al desorden, al grado cero de la materia indiferenciada que se asemeja a la pulsi�n de muerte freudiana asociada a la b�squeda infructuosa y diferida del placer; se crea as� una zona de emergencia dentro del espacio literario que se abre a la expresi�n del deseo inconsciente y se subvierte el orden cultural mientras se disuelven las identidades lim�trofes (73). Tal pulsi�n generadora de ambig�edad se comprueba en Pedro P�ramo ya que se difuminan los limites entre lo real y lo sobrenatural, los vivos y los muertos tanto como entre los g�neros a medida que Juan Preciado se encuentra con las dos mujeres que se desvanecen, la hermana-esposa que carece de identidad social sin siquiera tener nombre, y por fin, la alcahueta cuyos suenos apuntan a una infertilidad que la convierte en ser androgino, a quien no le importa llevar ambos nombres: Doroteo/Dorotea. De hecho, se esfuman las barreras entre rnundos e identidades y se desdoblan e invierten los papeles entre estos seres, ya sea vivos o muertos, para quienes el mas alla no es un final sino una angustia continua que consiste en rememorar y aprehender sus deseos reprimidos. La choza en que Juan Preciado se acosto con la hermana se convierte en la fosa figurada y ahora esta en la fosa real con Dorotea, una mujer en busca de un hijo ilusorio que funciona como el cuarto doble de Dolores. Este abrazo f�nebre que los une eterniza el enlace incestuoso que Juan habia consumado con la hermana de Donis y simboliza ahora una vuelta al utero en la fosa oscura. Los dos comparten para siempre el mismo espacio con ansias e ilusiones perdidas y complementarias. Se evoca la sepultura de Dolores en un doble retorno y este ultimo abrazo con Dorotea se hace sin equivocos, despu�s de la muerte y de haber experimentado y sufrido las consecuencias de una union vedada, sublim�ndose asi la relacion final. Por consiguiente, cada una de las cuatro figuras femeninas que Juan encuentra es una version o una proyecci�n de la figura materna que lo ayuda a Juan a conocerla a modo de ecos de su propia vida e interioridad pero tambi�n que obligan a Juan a enfrentarse con sus pulsiones inconscientes.
El entierro de Juan le permite unirse vicariamente con su madre fallecida mediante su cuarto doble y permitirle descansar de manera figurada en su pueblo. Sin embargo, el espacio de la fosa comunica de modo fant�stico con otros espacios ontologicos como el mundo conjurado por la voz de Susana San Juan, la segunda mujer de Pedro P�ramo, cuya figura Juan recupera al oir las confidencias de Dorotea y de las voces de ultra tumba. Susana San Juan es el quinto doble de Dolores porque ocupa su lugar como esposa (ilegitima) del cacique. Ella se mantiene alejada de �l f�sica y mentalmente mediante su locura que le permite habitar "otro mundo" fant�stico a modo de evasi�n. Susana nunca comparti� la cama de Pedro P�ramo ni le dio hijos y por eso, Juan Preciado se entera de que nunca hubo verdadera sustituta a su madre que esta asi reivindicada. Se destila una paz mientras se van llenando de significado los huecos de la fotografia materna y se colman las "heridas" del punctum ya que yacen finalmente reunidos el hijo con el doble materno mientras se ha comprobado que Dolores Preciado no ha podido ser reemplazada satisfactoriamente por otra mujer al lado de Pedro P�ramo. Es altamente significative que Juan llevara el apellido materno y no el paterno, que le corresponderia legalmente, porque todo indica que este retorno a Comala ha acrecentado la ambig�edad acerca de su conception mientras la respuesta a esta incognita reside en las sombras del retrato. La busqueda de la paternidad se refleja en todos los hijos ilegitimos de Pedro y de Miguel P�ramo que siguc los pasos de su padre gracias a la ayuda celestinesca de Dorotea. La arbitrariedad con la cual el cacique adopta a Miguel P�ramo (un hijo natural), sin recordar siquiera a su madre fallecida, ilustra los abusos del poder absolute. Juan Preciado se ve desdoblado/desdibujado (des-Preciado) por los numerosos v�stagos ileg�timos de su supuesto padre tanto como en los varios hijos en potencia del soplador de suenos que podria haberlo engendrado. A los dobles maternos y sus propios reflejos-o ecos de si mismo, se anade el tema del incesto que contribuye a plantear aun mas incognitas acerca de la identidad y de la paternidad. Una legi�n de posibilidades permanecen latentes, oscuras como las manchas de la foto de Dolores, cuyo nombre es emblem�tico de sus penas. Asimismo, dichos espacios vacios relacionados con lo fantastico se llenan no s�lo de significados epistemologicos sino de espacios ontologicos como los creados por la evocaci�n de trozos de vida de su madre que permanecen inconclusos o indeterminados. Se plantea asi un comentario existencial acerca de la identidad/origen de Juan Preciado que reverbera en todos los habitantes de Comala que se encuentran unidos por hilos invisibles.
El lector se percata a medida que se adentra en el texto, de la multiplicidad simult�nea y caotica de mundos creados por las voces de las aimas en pena con la de un narrador omnisciente que narra desde varias perspectivas lo relative a un Comala real. De hecho, por la falta de transiciones debida al collage de los varios fragmentos, se crean varios espacios intertextuales entre estos mundos paralelos que se rozan y se prestan a la irrupcion de lo fant�stico porque tal yuxtaposicion aumenta la vacilacion del lector entre lo real y lo irreal. Dichos espacios ofrecen una inversion paraxial de cada punto de vista como si fueran una extension de los agujeros del retrato de Dolores correspondientes a la zona de otredad interpretativa. Al enterarse de que Juan ha estado narrando desde su tumba, su experiencia puede leerse como un recuento maravilloso o sobrenatural sucedido en el mundo real como se puede dudar de su testimonio que no fuera fidedigno. Pero durante toda la primera parte, el lector confia en su percepcion y sigue paso a paso su aventura y vacilaciones en Comala. Aunque lo narrado por Juan fuera real o imaginado, no deja de constituir un mundo "posible" de acuerdo con Umberto Eco, por ser un universe ontologico con sus propias reglas que se puede contrastar con el mundo mas "real" que emerge de la voz narrativa en tercera persona con matices de objetividad (233-34). Este mundo "posible" contrasta tambi�n con el trasfondo historico de la novela con menciones al porfiriato, a la revoluci�n mexicana y a la guerra de los cristeros mientras el transcurso lineal de la historia interfiere con el presente etemo de las voces de ultra tumba en juegos espacio-temporales que contribuyen a crear un desajuste propio de lo fant�stico (Ar�n 31-34). Puesto que Juan Preciado pasa del sueno a la duermevela, el piano onirico se sobrepone a los dem�s mundos ficticios, ya sea reales o sobrenaturales y a las entidades ontologicas producidas por la evocaci�n de los mon�logos interiores, como la vision idealizada de Dolores que acompafia a Juan. Se abre un pasaje a una zona intratextual entre los varios mundos ficcionales, apuntando a que estas aporias o espacios vacios entre fragmentos sean precisamente el locus de lo fant�stico que constantemente ofrece nuevas perspectivas que subvierten las anteriores de modo que el texto se resista a una sola interpretaci�n.
Al concluir la lectura de Pedro P�ramo, el relato lineal del viaje a la semilla carpentierano de Juan Preciado acaba con la recuperaci�n parcial y fragmentada de la imagen materna que le pone en contacte al narrador con su propia interioridad. Sin embargo, su relato parece flotar en medio de las dem�s voces por la falta de un narrador omnisciente que unifique los hilos narratives puesto que el autor abandona los mundos creados de modo inconexo, sugiriendo la ausencia de un Dios que redima estas almas. La imagen final que presenta el texto rulfiano es la de un eterno retorno captado a manera de un retrato figurado est�tico que encubre de manera fant�stica espacios y tiempos yuxtapuestos y evoca a modo de enso�aci�n a la entidad ontol�gica e imaginaria que existiera entre el roce de una foto con su negativo. Aludo a los significados ocultos entre las dos caras de la misma realidad, lo cual hace eco al contrapunto creado por las voces polif�nicas que presentan varias versiones y puntos de vista acerca de los mismos acontecimientos. Juan Rulfo, que era aficionado a retratar la zona rural mexicana, se vale en esta novela de la met�fora fotografica que nos guia de manera concrete a partir de la foto de Dolores Preciado, hasta ofrecernos la imagen global del pueblo, tambi�n agujereada, con todas las heridas del punctum abiertas a la interpretacion de las aporias de este espacio fant�stico. El lector se convierte en espectador conmovido, pero incapaz de definir exactamente lo sugerido por estos huecos que van extendi�ndose en los intersticios intertextuales. De la misma manera que Juan Preciado recobra de manera tentativa los vacuos de la foto materna que funciona como clave unificadora de los elementos fant�sticos y del desdoblamiento, se le van abriendo multiples posibilidades acerca de su origen que lo hacen dudar de la paternidad de Pedro P�ramo y lo obligan a verse reflejado en otros descendientes potenciales que comparten la misma duda existencial. A partir de este acercamiento fragmentado a sus origenes y al autoconocimiento, se puede extrapolar que el texto constituye un comentario existencial sobre la b�squeda continua de la identidad del mexicano.
1 El realismo m�gico en particular tanto como lo real maravilloso americano han sido considerados por varies criticos como variantes de la literature fant�stica por su tendencia desrealizadora que permitio a ciertos autores aprehender de manera tangencial la complejidad de la realidad latinoamericana. La reflexi�n de los estudiosos en torno a dichos g�neros ha generado un cxceso de ambiguedad resultando en una pol�mica que sigue en pie hoy en dia. Se podria afirmar de modo sucinto que la terminologie depende del punto de vista y de t�cnicas literarias si se habla de realismo m�gico o de la incorporacion de lo sobrenatural mediante la "fe" narrativa si se trata de lo real maravilloso carpentieriano (Volek 13). Alicia Llarena ha recorrido la genesis y el desarrollo de la ambiguedad en torno a estos t�rminos en su aplicacion a la literatura latinoamericana y enfoca la tendencia de un sector de la critica de borrar las distinciones criticas entre estas categories, que funcionan entonces como aspectos de la presencia de lo m�gico en la realidad para expresar un mismo proyecto cultural (314).
2 Mientras Llarena analiza en su monografla los aspectos m�gico-realistas de Pedro Paramo, Emil Volek destaca en la novela rasgos que se relacionan con "lo real maravilloso" y el "realismo m�gico" y subraya su indole postmoderna que asemeja el "teatro liberado" absurdista que "potencia, y disimula [...] la salira y las mascaras del Mexico actual (25).
3 De acuerdo con Juan Villoro, "la mitificacion de Rulfo, el entasis en la obra lograda como de milagro, al margen de las arduas preocupaciones t�cnicas del novelista, ha impedido que [...] Pedro Paramo sea entendida como un caso de literatura fant�stica. En esta oficiosa lectura, el autor es separado de sus invenciones [...] Comala y sus muertos se imponen como un triunfo telurico" (79).
4 Por vacuos, me refiero a los espacios vacios representados por los agujeros de la fotografia. Asimismo, estes espacios fisicos corresponderian de modo figurado dentro del texto a las aporias de significado que apuntan a zonas ontologicas que eluden el significado.
5 Luis Andr�s Figueros se ha detenido en el estudio bartiano de! retrato de Dolores sin relacionarlo con Io fant�stico ni tampoco con los dobles de la figura materna. Sus conclusiones corroborai! nuestra propuesta ya que senala el autor que los agujeros de la foto corresponden a una po�tica espacial, extendi�ndose a las dimensiones de las voces y ecos que se descubren a modo de espacios superpuestos que se abren a Io desconocido fantasmai (73).
6 Para ilustrar la tendencia de la literature fant�stica hacia la transgresion y la disoluci�n de los limites, Jackson se vale de la definici�n freudiana de la entropia, que es este estado limitrofe que trasciende la pulsion de muerte y en el cual todas las tensiones se reducen; segun Jackson, en este estado, "movement and stillness, life and death, subject and object, mind and matter, become as one. The impossibilities upon which fantastic narratives are structured [...] can be related to this drive towards a realization of contradictory elements merging together in the desire for indifferentiation" (80).
[Reference]
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[Author Affiliation]
Hedy Habra
Western Michigan University